Carles Puyol, el Tiburón de la defensa

Carles Puyol, el Tiburón de la defensa

HAY JUGADORES QUE A LO LARGO DE SU CARRERA ADQUIEREN LA CONDICIÓN DE EMBLEMA, DE ESCUDO DE LA INSTITUCIÓN QUE DEPENDEN. EN INGLATERRA, ESA DEFINICIÓN SUELE ESTAR RESERVADA PARA UN TIPO DE JUGADOR AL QUE SE CONOCE CON EL APELATIVO DE ONE CLUB MAN», FUTBOLISTAS QUE EMPIEZAN Y ACABAN SU CARRERA CON LA MISMA CAMISETA, SIEMPRE JUGANDO PARA LOS MISMOS COLORES, CONTRA VIENTO Y MAREA. RYAN GIGGS, EL ETERNO GALÉS DE OLD TRAFFORD, ES UN BUEN EJEMPLO DE UN ESTILO DE HACER LAS COSAS EN EL FÚTBOL QUE POCO A POCO VA CAYENDO EN DESUSO. EN EL FÚTBOL QUE MIRA AL MEDITERRÁNEO NO ES MUY CORRIENTE ENCONTRAR ESE TIPO DE JUGADOR. EL «ONE CLUB MAN» ES UNA ESPECIE EN CLARO PELIGRO DE EXTINCIÓN, PERO SI A ESA CONDICIÓN DE FIDELIDAD EXTREMA A UNOS COLORES SE LE AÑADE EL SER PROTAGONISTA ABSOLUTO DE LA MEJOR ETAPA DE LA HISTORIA DE LA INSTITUCIÓN, Y ASUMIR LOS GALONES DE REFERENTE MORAL, ENTONCES ESTAMOS YA ANTE UN CASO EXCEPCIONAL POR ÚNICO EN EL MUNDO.

 

Carles Puyol es mucho más que un one man, es el escudo del mejor Barcelona de la historia, un club con ciento catorce años vida tras de sí. Fidelidad, compromiso, fortaleza y liderazgo son las características que definen a un jugador que, por el estilo de su juego, no estaba predestinado a tener un rol clave en un club que durante los últimos diez años ha convertido el juego asociativo, el pase corto y el despliegue ordenado siempre con la posesión de balón como argumento, su razón de ser. Todo lo contrario. Las trazas de central idóneo para el fútbol británico no es más que una añagaza, una estratagema del destino para embaucar al delantero de turno. Puyol es fuerza y tempestad sobre el césped. A menudo, el último bastión, esperanza postrera de que el enemigo no irá más allá de su posición, pero el central es también el sostén moral de un equipo colgado del esférico; el hombre que ordena y coloca, mantiene la línea y, llegado el caso, no hace ascos a salir con el balón jugado, con criterio, sentido, con el mismo estilo que ha hecho al Barcelona y a la selección española los mejores equipos del mundo desde el año 2008 sin discusión alguna.

Todo eso es Carles Puyol, hombre hecho a sí mismo sobre un terreno de juego, al que nadie ha regalado nada y que forma por derecho propio parte destacada de la saga de mejores centrales del mundo, ese reducto donde se encuentran leyendas como Franco Baresi, Franz Beckenbauer, Elías Figueroa o Fabio Cannavaro. A todos ellos los supera en palmares y a ninguno le cede el paso en los libros de historia del fútbol. Tal es su impronta y su influencia.

 

SANGRE DE LA POBLA DE SEGUR

Si Puyol tiene genes de luchador seguro que algo tiene que ver la tierra donde nació, la Pobla de Segur, comarca antigua que hunde sus raíces en tiempos en los que vivir era una odisea y pocos eran los que podían tener la seguridad de acabar el día con la tranquilidad que tuvieron al despertar. La Pobla es tierra de agricultores y ganaderos, a tiro de piedra de las cumbres del Pirineo, las montañas que han moldeado el carácter de una comarca de gentes recias y acostumbradas a trabajar de sol a sol. De ese entorno que deja huella salió un adolescente con sueños de ser jugador de fútbol camino de La Masía, la antigua casa de labranza en los alrededores de Barcelona que durante los últimos treinta años ha albergado los sueños de grandeza de varias generaciones de niños y chavales con ganas de ser algo en el mundo del fútbol.

La Masía es la explicación del extraordinario éxito cosechado por el club azulgrana en el siglo XXI, donde ha pasado de ser una gran entidad al mejor equipo del mundo. Una transición en la que ha estado de principio a fin Puyol. Lo mismo que ha sucedido con la selección española, La Roja, como la bautizó Luis Aragonés. Su legado, al que aún le queda camino por recorrer en primera fila de la trinchera, solo admite comparación si se le contrapone con el de algunos de sus compañeros de generación, hombres como Xavi Hernández, Lionel Messi, Víctor Valdés o Andrés Iniesta.

Puyol ha levantado, como gran capitán del Barca, veintiún títulos hasta el año 2014. Lo ha ganado todo con el club de su vida, y a ello suma sus triunfos con España. Es el segundo jugador que más veces ha vestido la camiseta de la entidad y Migueli, al que muchos le han comparado durante toda su carrera por algunos rasgos comunes relacionados con la intensidad o la garra en el juego, ya figura a su espalda en todas las clasificaciones en las que podía competir: longevidad y regularidad.

Su «imperio» incluye un dato sobrenatural: con él sobre el césped, el Barca estuvo cincuenta y seis partidos consecutivos sin morder el polvo.

 

DEBUT CON VAN GAAL

Van Gaal, Rijkaard, Guardiola, Luis Aragonés o Vicente del Bosque son los nombres que conforman el mapa vital de la trayectoria futbolística del hombre de La Pobla. Con Louis Van Gaal debutó con el primer equipo del Barcelona en 1999, en un partido de Liga ante el Real Valladolid, en el estadio José Zorrilla. El técnizo tulipán, al que el tiempo terminará reconociendo un hecho fundamental en la historia del club, como ser el entrenador con el que debutaron algunos de los jugadores que más éxitos proporcionado al Barcelona, comenzó a alinear a Puyol como lateral derecho, una posición en la que consideraba que rendía a la perfección por su poderío físico y su capacidad para las marcas de los extremos rivales. En esa posición estuvo dos años, nada buenos para el club azulgrana.

En la acera de enfrente, el Real Madrid vivía el esplendor del modelo galáctico y las Copas de Europa caían una detrás de otra. Ser jugador del Barcelona cuando el eterno enemigo lo gana todo no es nada fácil. Cinco años tuvo que esperar Puyol para su primer título. Una eternidad cuando de fútbol se trata. Y es justo entonces cuando aparece el segundo nombre clave en su trayectoria: Frank Rijkaard.

 

PRIMEROS TÍTULOS CON RIJKAARD

En Barcelona siempre han tenido una especie de predilección por los entrenadores holandeses, una tradición que comenzó con Rinus Michels a principios de los setenta, elevó a dogma Johan Cruyff, mantuvo Van Gaal y perfeccionó Rijkaard.

De carácter relajado, el holandés, miembro como jugador del legendario Milan de Arrigo Sacchi, convirtió al Barça en un equipo campeón. La Liga conquistada el año 2005 significó el primer título de Puyol. Carles levantó el trofeo como capitán, como ha hecho con cada uno de los veinte títulos que han caído después.

Al año siguiente, en París, se ganó la Copa de Europa, la segunda de la historia de la institución. Un trofeo conquistado ante el Arsenal, y cuyos réditos en forma de protagonismo casi absoluto se los llevó el por entonces mejor jugador del plantel: Ronaldinho. La etapa de Rijkaard, a pesar de los dos últimos años, en los que el modelo se diluyó como un azucarillo en un vaso de leche, supuso el primer salto de calidad. Los cimientos para dominar el mundo ya estaban sólidamente instalados.

 

Puyol debatiendo con sus compañeros en el Barça, Xavi y Messi
Puyol debatiendo con sus compañeros en el Barça, Xavi y Messi

 

En el verano que supuso la salida de Rijkaard del club y la llegada de Pep Guardiola a la dirección del primer equipo se cruzó en la vida de Puyol el tercer nombre clave: Luis Aragonés. La vida de Carles con La Roja ha ido paralela a su trayectoria en el Barcelona. Su primer partido como internacional lo jugó a las ordenes de José Antonio Camacho ante Holanda en el año 2000. Y, lo que es el destino, ese día también debutó otro referente, como ha sido Xavi Hernández.

El Mundial de 2002, la Eurocopa de 2004 y el Mundial de 2006 fueron un más de lo mismo dentro de la historia de una selección acostumbrada a aspirar a todo y no ganar absolutamente nada. Pero todo cambió en el verano de 2008.

 

EL LÍDER DE LUIS ARAGONÉS

Mientras en los despachos de Can Barça se ultimaba el relevo en la dirección técnica, Luis Aragonés, veterano y sabio, entendió que para por fin aspirar a ganar algo de verdad había que asumir como propio el modelo de juego del Barcelona, mejorándolo en lo posible. España se alzó con la Eurocopa con una exhibición de juego colectivo, presión adelantada y derroche físico, justo las con las que siempre se movió mejor el Tarzán de La Pobla de Segur. La victoria en Viena ante Alemania puso fin a una sequía de cuarenta y ocho años sin título alguno para un que vive el fútbol como una parte más de la vida diaria.

 

EL GRAN CAPITÁN DE GUARDIOLA

Era julio de 2008. Unos días después, en plena canícula estival, Puyol se encontró de lleno con el cuarto hombre de su historia: Guardiola. Referente del Dream Team, y también forjado en La Masía, como el núcleo duro de su plantel, Guardiola supo entender desde el primer momento las necesidades de un grupo ya muy hecho tras el paso de Rijkaard, pero que necesitaba de una renovación de sangre que eliminase los malos hábitos de la etapa final. Pep acometió la «limpia” sin miramiento alguno. Salieron hombres clave como Deco y Ronaldinho y llegaron jugadores formados en la cantera como Busquets o Pedro, o recuperados para la causa como Piqué. Puyi, como le empezó a llamar Guardiola, seguía interpretando el rol de siempre: reserva y zaguero indispensable. Acababa de nacer el Pep Team y lo impensable sucedió. En un año sin parangón en la historia de este deporte (2009), el Barcelona lo ganó todo: seis títulos en un año natural. Puyol fue el capitán en todos y cada uno de ellos. Después a una Copa de Europa más, los récords cayeron como la fruta madura en el mes de septiembre y por el mundo se extendió la sensación de que el fútbol era cosa de un grupo de jugadores, muchos de ellos criados entre los muros de La Masía, vestidos de azulgrana.

 

Puyol, en su época como capitán
Puyol, en su época como capitán

 

 

AQUEL GOL A ALEMANIA…

Y en pleno esplendor, aparece el quinto hombre: Vicente Bosque, heredero de Luis Aragonés y con la sabiduría o los conocimientos suficientes para tomar una decisión trascendente: no tocar lo que bien funciona. Del Bosque prolonga un gran momento de la selección española apostando por prácticamente los mismos jugadores y el mismo sistema que su antecesor. El premio gordo llega en 2010, durante el Mundial Sudáfrica. España se proclama campeona del Mundo al batir en la final a Holanda, la eterna maldita en los campeonatos del Mundo, con un gol de Iniesta.

La gesta sudafricana, el momento que todo niño que comienza a jugar al fútbol sueña con vivir alguna vez, vino precedida de un hito histórico solo cuatro días antes. El 7 de julio de 2010, en las semifinales del torneo, se enfrentaban España y Alemania. La Roja debutaba en esas lides, si no se tiene en cuenta la liguilla de semifinales jugada en el Mundial de Brasil en 1950, mientras que Alemania es país acostumbrado a verse en tales trances desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, un cabezazo «a la épica» de Carles Puyol, que apareció elevándose por encima de la muralla perlada de torres germanas, tumbó a los tricampeones del Mundo.

Puyol solo ha metido tres goles en los cien partidos que ha jugado con España hasta la llegada del año 2014, pero uno de ellos supuso el pasaporte para la final de un Campeonato del Mundo.

Vicente, Pep, Luis, Frank y Louis son los cinco nombres que componen la trayectoria vital de un jugador que no ha dejado aún de ganar. Las lesiones han mermado su rendimiento en los últimos años de su carrera, pero el espíritu que convirtió al hijo de trababajadores del campo de La Pobla en el referente del mejor Barça y la mejor España de la historia sigue completamente vivo. En una época sin referentes claros, Puyol es uno de los mejores ejemplos posibles. No es el mejor con el balón en los pies, ni el que más goles mete, siquiera el más mediático, pero es, posiblemente, el único indispensable.

 

UN EJEMPLO EN TODOS LOS SENTIDOS

Si hay un hecho que demuestra el grado de referencia moral que ostenta Carles Puyol dentro del vestuario del Barcelona lo demuestra el detalle que el capitán del equipo tuvo al ganar la Copa de Europa de 2011, en el estadio de Wembley. Puyol cedió su brazalete de capitán y por tanto el derecho a ser el primero en levantar la Copa de Europa a su compañero Abidal, que acababa de superar un cáncer de hígado. Un pequeño gesto que escondía un gran mensaje: hay cosas que están por encima del fútbol.

 

Deja una respuesta