Ronaldo Nazario, el «Fenómeno»

Ronaldo Nazario, el «Fenómeno»

FUE EL GANADOR MÁS JOVEN DEL FIFA WORLD PLAYER, LA BOTA DE ORO, EL TROFEO BRAVO QUE DISTINGUE AL MEJOR FUTBOLISTA JOVEN DEL PLANETA… EL MÁS PRECOZ EN SER DESIGNADO POR LA UEFA «JUGADOR DEL AÑO» E INCLUSO EL MÁS JOVEN EN GANAR EL BALÓN DE ORO Y EL TÍTULO QUE DISTINGUE AL MEJOR FUTBOLISTA DE UN MUNDIAL, QUE CONSIGUIÓ EN FRANCIA-98 TRAS LIDERAR A LA «CANARINHA» HASTA UNA FINAL ANTE LA FRANCIA DE ZINEDINE ZIDANE QUE BRASIL NO GANÓ, ENTRE OTRAS RAZONES, PORQUE EL NUEVE BRASILEÑO SUFRIÓ LA NOCHE ANTERIOR AL PARTIDO UNA SERIE DE CONVULSIONES EN EL HOTEL QUE NO LE PERMITIERON JUGAR LA FINAL EN PLENAS CONDICIONES FÍSICAS. RONALDO LUIS NAZARIO DE LIMA GANÓ TODO EN EDAD SUB-21, UNA ETAPA EN LA QUE LA MAYORÍA DE LOS FUTBOLISTAS ESTÁN AÚN EN EDAD DE FORMACIÓN Y LOS GRANDES «CRACKS» DE LA HISTORIA EL FÚTBOL APENAS COMIENZAN A ACUMULAR GALONES.

CAMPEÓN DEL MUNDO… A LOS 17.

 

En cambio, el crack canarinho lo ganó absolutamente todo, tanto a nivel colectivo como individual. Todo menos la Copa de Europa. Un agujero en su palmarás que no logró llenar a pesar de haber vestido la camiseta de cinco clubes campeones del Viejo Continente: PSV, Barça, Inter, Milan y Real Madrid. La calidad de Ronaldo, apodado el Fenómeno, era tal que guardaba ya en sus vitrinas un Mundial, conquistado en Estados Unidos en 1994, a la edad de diecisiete años, los mismos que tenía Pelé cuando Brasil ganó su primera corona, en el Mundial de 1958.

A diferencia de O Rei, que fue protagonista absoluto en Estocolmo, Ronaldo no jugó ni un minuto en un torneo al que acudió por aclamación popular, lo que obligó al seleccionador de la época, Carlos Alberto Parreira, a incluirle en la lista final para el evento. Fue inscrito con el nombre de Ronaldinho, para distinguirle de Ronaldao, uno de los defensas convocados por un Parreira al que le gustaba más el músculo de Dunga o Mazinho que la fuerza y la magia del pequeño crack de Río de Janeiro.

Sus comienzos fueron vertiginosos, pero no fáciles. Ronaldo nació en Bento Ribeiro, un suburbio del norte de Río de Janeiro que toma el nombre de un alcalde de la ciudad de principios del siglo XX. El barrio se extiende en torno a una antigua estación de ferrocarril, centro neurálgico de un micromundo donde el fútbol es la mejor y casi única distracción para unos chavales acostumbrados a vivir entre privaciones, sin lujo alguno, casi con lo justo para no pasar hambre. El fútbol es barato. Solo hace falta un balón, unos cuantos voluntarios y ganas de pasar el rato.

En este entorno deprimido creció un Ronaldo que era uno más: hijo de padres separados; madre que se ve obligada a trabajar de sol a sol para mantener a la familia y poco dinero, muy poco dinero. El Flamengo pudo ser su primer equipo, pero no le llegaba la «plata» para pagar los cuatro billetes de transporte público que eran necesarios para llegar a las instalaciones del Fla. Por eso entró en el San Cristovao, un club humilde creado en 1943 que jugaba en un estadio de apenas ocho mil localidades.

A partir de ahí, ya todo fue una estampida de una «manada de búfalos», como muchos calificaron el legendario gol de San Lázaro, el que hizo en 1996 al Compostela en la Liga española tras ir sorteando tarascadas y zafándose de contrarios desde la línea medular. Una estampida en toda regla que se convirtió en la «marca especial de la casa», en el sello de identidad de un niño crecido en un suburbio carioca con nombre de alcalde y que se convirtió en una carrera memorable, sin parangón, en el mejor delantero de la historia, con permiso, eso sí, de Ferenc Puskas, quizás el único hombre de cuantos miraron siempre hacia la portería contraria con el que puede existir algún tipo de debate sobre quién es el número uno.

 

Ronaldo marcó gol decisivo contra Alemania
Ronaldo marcó gol decisivo contra Alemania en la final del Mundial

 

 

EL DEMONIO CON LAS LESIONES

La trayectoria del Búfalo de Bento Ribeiro es igual de espectacular tanto a nivel de clubes como de selección, algo solo reservado a la flor y nata de la historia del fútbol. Además, la vida de Ronaldo en los terrenos de juego tiene un antes y un después a la doble lesión que a punto estuvo de costarle la retirada del fútbol en activo. Fue vistiendo la camiseta del Inter de Milán. En un partido ante el Lecce, en la temporada 1999-2000. Una rotura en el tendón rotuliano de la rodilla derecha. Una lesión gravísima. Retornó a los seis meses y en el primer partido, en un encuentro ante el Lazio, con apenas unos minutos en la cancha, el mismo tendón volvió a partirse. Nueve meses fuera. Pocos futbolistas hubieran remontado tras padecer dos lesiones de tal magnitud. Ronaldo no solo lo hizo, sino que volvió a ser el mejor jugador del mundo, el Búfalo imparable que había sido en su magistral temporada en el Barcelona de Bobby Robson tras su fugaz pero exitoso paso por el PSV Eindhoven holandés, y sus inicios en el Inter de Milán en la etapa post Barcelona.

Ronaldo era, simple y llanamente, una máquina. Siendo casi un chaval en edad de ir al instituto entró en el Cruzeiro. Lo hizo por recomendación de Jairzinho, un histórico del fútbol de Brasil y campeón del Mundo en 1970, y se hinchó a meter goles. Del Cruzeiro, al Mundial de 1994 tras apenas debutar con la camiseta verdeamarelha ante Argentina, el eterno rival sudamericano. Campeón del Mundo a la edad de Pelé, desembarcó en el fútbol europeo, en el PSV Eindhoven. No podía haber elegido mejor puerta de entrada en el Viejo Continente. En un entorno tranquilo, sin excesiva presión y en un tipo de fútbol sin gran competitividad, marcó cuarenta y dos goles en cuarenta y seis partidos.

Suficiente para firmar por el Barcelona. Un salto vertiginoso a precio de récord: dos mil quinientos millones de pesetas, la contratación más cara de la historia en ese momento (1996). Su temporada en el club del Camp Nou está en la memoria colectiva de los aficionados azulgrana. Bobby Robson, un técnico veterano y formado en un tipo de fútbol radicalmente distinto al de Ronaldo, supo sacar, sin embargo, lo mejor de un futbolista joven que explotó completamente en un campeonato ya de primerísimo nivel. El Barcelona ganó Recopa, Copa y Supercopa impulsado por el furor goleador del Fenómeno: cuarenta y siete goles en cuarenta y nueve encuentros. Pero lo bueno dura poco. Solamente un año. Problemas con el presidente del club, José Luis Núñez, precipitaron su salida. El Barcelona lo traspasó al Inter de Milán por cuatro mil millones de pesetas. Seis mil quinientos millones generados en tan solo dos temporadas. Una máquina de jugar al fútbol, pero también uno de los primeros jugadores de la historia en convertirse en multinacional andante.

En Italia, Ronaldo tocó el cielo y descendió al infierno en forma de gravísimas lesiones. En un conjunto en el que ya brillaban hombres como el chileno Iván Zamorano, el uruguayo Álvaro Recoba o el argentino Javier Zanetti, encajó a la perfección, convirtiéndose en la pieza angular de un proyecto ganador que tenía como objetivo acabar con la maldición que el conjunto interista arrastraba desde los años sesenta, cuando ganó la Copa de Europa en dos ocasiones y finales de los ochenta, fecha de su último Scudetto. Ronaldo representaba una nueva era para una afición interista demasiado acostumbrada a los sinsabores. Una Copa de la UEFA ganada en París con un Ronaldo estelar fue, sin embargo, el canto del cisne de un formidable jugador al que la ruleta de la fortuna dio la espalda.

El Giuseppe Meazza pudo ser la tumba de un futbolista de enorme calidad técnica, infalible uno contra uno y poder físico sin igual. La carrera de Ronaldo, un jugador vitalista y jovial, corrió serio peligro. Sin embargo, tuvo fuerza suficiente para salir y regresar con más fuerza, contra viento y marea.

 

RESURRECCIÓN MUNDIALISTA

Le ayudó su naturaleza física y la confianza de Luiz Felipe Scolari, el seleccionador de Brasil para el Mundial de 2002, disputado en Corea y Japón. Scolari le reservó el nueve de Brasil y le rodeó de hombres como Rivaldo o Ronaldinho Gaucho. La canarínha ganó el Mundial con ocho goles de Ronaldo, dos de ellos para tumbar a Alemania en la final del torneo. Aquellos dos tantos no solo dieron el quinto entorchado mundial a Brasil, sino que también le colocaron a tan solo otros dos de los catorce de Gerd Torpedo Müller, el máximo goleador de la historia de los Mundiales. Ronaldo el Fenómeno, el Búfalo de Bento Ribeiro, volvía a ser el mejor futbolista del mundo y eso le sirvió para fichar por el Real Madrid.

Fue el tercer Galáctico, tras Luis Figo y Zinedine Zidane. Florentino Pérez, el presidente de la entidad madridista, arriesgó y pagó cuarenta y cinco millones de euros por un traspaso estratosférico. El día de su debut, marcó a los pocos segundos de salir el primer tanto de los ciento cuatro que conseguiría con la camiseta blanca. Su impacto en su segunda etapa en el fútbol español fue brutal, pero su estrella se fue apagando poco a poco, al mismo ritmo que el proyecto del Real Madrid de los Galácticos, diseñado por un tiburón de los negocios como el presidente Florentino Pérez, se diluía a una injustificada velocidad de vértigo.

 

Celebración de Rolando con el Real Madrid
Celebración de Rolando con el Real Madrid

 

Ronaldo participó plenamente del auge y caída de la idea de convertir un equipo de fútbol en una empresa multinacional a escala planetaria. Fue una revolución que se fracturó demasiado pronto porque falló la base: se olvidó lo esencial, la necesidad de apoyar el negocio galáctico con un rendimiento similar en el terreno de juego. Fabio Capello puso la puntilla a Ronaldo en el Real Madrid, no sin antes conquistar un nuevo hito y, este sí, de escala galáctica al ciento por ciento: durante el Mundial de Alemania marcó dos goles a Japón y uno a Ghana. Tres en total que, sumados a los doce logrados entre Francia-98 y Corea y Japón-2002, sumaban quince. Uno más que Torpedo Müller. Ronaldo ya era el máximo goleador de la historia de los Mundiales. Fue su cima postrera.

Después ya solo quedaba la cuesta abajo definitiva. Milan, una lesión tremenda en la rodilla izquierda y un retorno al fútbol brasileño con la camiseta de un histórico del país, el Corinthians. Mermado físicamente, ya nada fue igual. Al Búfalo le funcionaba la cabeza pero ya las piernas no respondían a las órdenes de su cerebro. Fue el abrupto fin de la estampida. El punto y final de una carrera prodigiosa que, sin duda alguna, coloca a Ronaldo Nazario entre los diez mejores futbolistas de todos los tiempos.

 

BARCA, MADRID, INTER Y MILAN…

El Clásico español y el «Derbi della Madonnina». El Real Madrid-Barcelona y el Inter de Milán-Milan son dos de los duelos más potentes que se pueden ver en un campo de fútbol a nivel mundial. Ronaldo es el único jugador en la historia del fútbol que ha jugado los dos «clásicos»… vistiendo las cuatro camisetas.

 

 

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