George Best, un «Beatle» en Old Trafford

George Best, un «Beatle» en Old Trafford

«ME GASTÉ TODO EL DINERO QUE GANÉ EN ALCOHOL Y MUJERES; EL RESTO LO MALGASTÉ». POCAS VECES UNA FRASE PUEDE DEFINIR TAN A LAS CLARAS Y DE FORMA TAN MERIDIANA LA FILOSOFÍA DE VIDA DE UNA PERSONA. ASÍ ERA GEORGE BEST, BAUTIZADO POR LA PRENSA PORTUGUESA COMO «O QUINTO BEATLE» TRAS UN 1-5 DEL MANCHESTER UNITED AL BENFICA DE EUSEBIO, QUE HABÍA JUGADO CUATRO DE LAS ÚLTIMAS CINCO FINALES DE COPA DE EUROPA. EL HOMBRE QUE LO FUE TODO O CASI TODO EN EL FÚTBOL DE FINALES DE LOS AÑOS SESENTA E INICIOS DE LOS SETENTA TERMINÓ DERROTADO POR SUS PASIONES, MUERTO DE MANERA PREMATURA EL 25 DE NOVIEMBRE DE 2005 CON TAN SOLO SESENTA AÑOS. EL MÍTICO NORIRLANDÉS, UN PRODIGIO DE LA NATURALEZA Y UN FUTBOLISTA GENIAL, FALLECIÓ VÍCTIMA DEL ALCOHOL DEJANDO DETRÁS UNA LEYENDA DE PERSONAJE INDOMABLE FUERA DE LOS TERRENOS DE JUEGO Y DE FUTBOLISTA EXQUISITO, DISTINTO E IMPARABLE DENTRO DE LOS MISMOS. ODIADO Y QUERIDO A PARTES IGUALES, BEST FUE UN SOPLO DE AIRE FRESCO EN EL DEPRIMIDO AMBIENTE ECONÓMICO Y POLÍTICO DEL ULSTER EN LOS AÑOS SESENTA. SU INFLUENCIA EN BELFAST ES, TREINTA AÑOS DESPUÉS DE SU RETIRADA DE LOS TERRENOS DE JUEGO, VISIBLE Y POTENTE. HASTA EL AEROPUERTO DE LA CIUDAD LLEVA SU NOMBRE.

 

«DIABLO» POR PARTIDA DOBLE

La historia de George Best está íntimamente ligada al Manchester United. El resto de su trayectoria es un mero apéndice, un intento de seguir ligado a lo único que, posiblemente, sabía hacer bien y mantener ingresos suficientes que le permitieran continuar con un tren de vida excepcionalmente alto. Su carrera a nivel top fue corta, intensa e íntimamente ligada al club de Old Trafford. Su nacimiento en Belfast le impidió brillar a nivel de selecciones. Irlanda del Norte nunca tuvo un gran equipo a pesar de que en 1982, con treinta y seis años, estuvo a punto de acudir al Mundial de España con Irlanda. Su penoso estado de forma por aquel entonces impidió que fuera convocado, perdiéndose de esta manera su única oportunidad de jugar un Campeonato del Mundo. Todo lo relevante relacionado con el fútbol que llevaba Best en sus piernas ocurrió entre 1963 y 1972. Su estancia en Manchester. Su historia comienza en formato «cuento de hadas». Bob Bishop, ojeador del United, le observa jugando en las calles de Belfast y no lo duda un instante. Acude a una oficina de telegramas y envía un cable al legendario Matt Busby. El texto era escueto y elocuente: Creo que hemos encontrado un genio.

Por aquel entonces, el United estaba intentando encontrar de nuevo su sitio no solo en el panorama fútbol, sino también en la vida. Corría el año 1963, tan solo cinco después del terrible accidente de Múnich. El avión en el que viajaba el Manchester United se estrelló con el equipo a bordo. Solo sobrevivieron Bobby Charlton, Billy Foulkes y el propio Busby. Entre los fallecidos había futbolistas destinados a marcar una época como Duncan Edwards. La catástrofe impregnó de negro el ambiente del club inglés durante décadas.

 

SE COMPLETA LA «SANTÍSIMA TRINIDAD»

La llegada de Best, el genio prometido por Bishop, iluminó a Busby. En el club ya jugaban dos futbolistas excepcionales: Denis Law y el propio Charlton. Dos fuera de serie de enorme calidad a los que Busby unió al norirlandés. Los tres formaron la denominada Holy Trinity (Santísima Trinidad). Pocas veces en la historia del fútbol un equipo ha sumado tres talentos de ese nivel al mismo tiempo. Los tres se hicieron grandes vistiendo la camiseta de los Diablos rojos. Law ganó el Balón de Oro en 1964, Charlton en 1966 y Best se sumó al festival en 1968, su gran año.

Para entonces, el United ya había conquistado los campeonatos ingleses de 1965 y 1967, pero lo mejor llegó en la Copa de Europa de 1968. La eliminatoria de semifinales ante el Real Madrid ha quedado para las hemerotecas de los grandes amantes del fútbol como uno de los más grandes enfrentamientos de todos los tiempos. La final enfrentó en Wembley al Manchester United con el Benfica, el rival con el que tiempo atrás comenzó el mito de Best. La victoria cayó del lado inglés en la prórroga. Best jugó un partido formidable con gol incluido, aunque el fútbol, caballero caprichoso, se hubiera escrito de otra manera si Eusebio hubiera marcado en un mano a mano con el meta Alex Stepney al final de los noventa minutos. El arquero inglés paró lo que parecía imposible de parar y el Manchester United se convirtió en el primer campeón inglés de la historia de la Copa de Europa. Tras aquel título, el proyecto de Busby comenzó la inevitable cuesta abajo. Fue como si, tras Múnich, el Manchester United persiguiera una quimera para honrar a sus muertos que había tenido su punto culminante aquel 29 de mayo de 1968. Alcanzada la meta, el equipo comenzó un declive que propició la salida de todas sus figuras, incluida la de un agotado Matt Busby. El punto final lo puso, paradójicamente, un taconazo de Denis Law jugando para el Manchester City, el eterno rival de la ciudad. El gol del que había sido uno de los santos y seña del club mandó al Manchester a Segunda división en 1974. Para ese momento, Best ya hacía de las suyas. Su carrera había tocado techo y rápidamente comenzó a desmoronarse por una pendiente más que complicada: la del alcohol y las mujeres.

 

George Best en Old Trafford
George Best disputando un encuentro del Manchester United

 

La vida poco o nada recomendable para un deportista de élite. Ya había dado lo mejor de sí durante prácticamente una década en Old Trafford. Estaba completamente exprimido para el fútbol al máximo nivel. Desde que se puso por primera vez la camiseta del primer equipo el 14 de septiembre de 1963, con tan solo diecisiete años en un partido ante el West Bromwich Albion, y hasta que abandonó el club rumbo a un peregrinaje incierto por equipos de Estados Unidos, Escocia, Australia o la propia Inglaterra, con apenas veintisiete años.

El Quinto Beatle jugó un total de trescientos sesenta y un partidos, dejando para el recuerdo ciento treinta y ocho goles, muchos de ellos «a lo Leo Messi», cogiendo el balón escorado a una banda, preferentemente la izquierda, y entrando en el área como un puñal, sorteando adversarios y aguantando tarascadas. Sus goles y su estilo de juego fueron casi una metáfora perfecta de su vida. Best, sobre el terreno de juego, era individualista y protagonista. Le gustaba mostrarse. Igual que en su día a día cotidiano. También soportaba tarascadas y entradas destempladas con el balón en los pies. En la vida también las soportó, aunque en este caso no se las propinaron sus rivales, sino su propia forma de ser, su propia conciencia de que poco o nada merecía la pena si no se vivía con una pinta de cerveza en la mano. Murió, seguramente, antes de tiempo pero lo que también es casi seguro es que a George Best no le importó en absoluto.

 

GENIO Y FIGURA HASTA LA SEPULTURA

La vida de George Best da para una película. A su muerte ha quedado para el anecdotario un auténtico compendio de frases supuestamente pronunciadas por él. Como botón bien vale una muestra:

«Si hubiera nacido feo, no hubierais oído hablar de Pelé» o «En 1969 dejé el alcohol y las mujeres. Fueron los peores veinte minutos de mi vida» o «He dejado de beber, pero solo cuando duermo» o «Cada vez que entro en un sitio hay sesenta personas que quieren invitarme a beber. Y yo no sé decir que no» o «Hace años dije que si me daban a elegir entre marcar un golazo al Liverpool o acostarme con Miss Mundo iba a tener una difícil elección. Afortunadamente, he tenido la oportunidad de hacer ambas cosas» o «Nunca salía con la intención de emborracharme. Simplemente sucedía».

 

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